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Los accidentes de tráfico causados por perros no son, ni mucho menos, algo extraño. De hecho, es uno de los animales que más incidentes ocasionan y, muchas veces, estos animales sufren lesiones importantes, secuelas o incluso la muerte, que a menudo conllevan una responsabilidad. Por ello, conviene recordar algunos puntos clave en caso de atropello de un perro y analizar los supuestos y las particularidades de cada caso.

La consideración de los perros en el Código Civil

Antes de cualquier consideración, conviene aclarar una cuestión controvertida que, además, se encuentra en fase de tramitación parlamentaria para su modificación: según la redacción actual del Código Civil, en su artículo 333, a los perros se les considera “cosas”. Como hemos mencionado, esto está próximo a cambiarse, una vez aprobada la reforma de la ley, y entonces los perros pasarán a considerarse seres vivos y no cosas.

Para el caso actual y, aceptando que la regulación aún los considera “cosas”, debemos distinguir dos situaciones muy distintas en caso de vernos involucrados en un accidente o en el atropello de un perro: si el perro sufrió un atropello mientras paseaba con su dueño por una zona habilitada para ello o si el perro se escapó y provocó un accidente con atropello.

  • En el primer caso, la responsabilidad civil de todos los seguros obligatorios cubre los daños tanto a terceros como a sus cosas. Por ello, será el seguro del coche que atropella al perro el que indemnice a su propietario dentro los límites y las estipulaciones de la póliza. A menudo estos casos se producen por una imprudencia del conductor, por lo que se le atribuye a él la responsabilidad por los daños causados al animal.

 

  • En el segundo caso, puesto que el perro se escapó del dueño, la responsabilidad ante un posible accidente de tráfico en el que se vea afectado un perro será en exclusiva del propietario del animal. El dueño no recibirá indemnización y deberá sufragar los gastos del tratamiento médico del perro o los derivados del enterramiento o incineración en caso de fallecimiento.

Asimismo, también es necesario diferenciar el caso en los que, producto del atropello, el perro fallezca, le queden secuelas por el accidente de tráfico o, al menos, requiera de un tratamiento médico para sanar las consecuencias corporales del atropello. En cada uno de esos casos, la cantidad a la  que deberá hacer frente el responsable del accidente varía, así como los procedimientos para cuantificar dicha cantidad.

Consecuencias del perro tras el accidente: muerte, lesiones o secuelas

Si el animal muere con motivo del siniestro, la cuantía que deberemos reclamar será la correspondiente al precio de adquisición del animal o al del mercado de un perro de la misma raza y edad en el supuesto de que fuera de acogida o si lo hubiéramos recibido por un regalo. Esta indemnización también comprende los gastos de incineración y/o entierro del animal fallecido.

 Con la muerte del animal, el sistema de valoración de la indemnización no responde a ningún baremo, como sí sucede con las personas, sino que se asimila a cualquier otra cosa. Es importante señalar que a la indemnización que pudiera corresponder podría añadirse la correspondiente al denominado daño moral por la situación de angustia, zozobra o abatimiento que un daño de este tipo pueda ocasionar en el propietario de la mascota dados los fuertes lazos sentimentales que suelen darse entre las personas y los animales domésticos.

 Asimismo, puede darse el caso, del mismo modo que sucede cuando son personas las que se ven involucradas en un accidente, que el perro no llegue a morir, pero sí sufra secuelas derivadas del siniestro. Secuelas tales como la amputación de algún miembro, dificultades para caminar, ceguera, fobias… En este caso, lo más habitual es que sea el juez quien, haciendo una comparación sobre la pérdida de valor del animal con respecto al precio del mercado, cuantifique ese “desvalor” para determinar la indemnización correspondiente.

Pero también podría pasar que, aun no habiendo fallecido el perro ni habiendo sufrido secuelas, a consecuencia del accidente precise de tratamiento médico para sus lesiones. En este supuesto, la indemnización que deberá recibir el dueño del animal correspondería a los gastos de su tratamiento médico, entendido en sentido amplio, es decir, a todos aquellos gastos que se deriven del cuidado del perro (desplazamientos, por ejemplo) y no solo las intervenciones médicas propiamente dichas. También habrá que atenerse, siempre que quede lo suficientemente acreditado, a la posible pérdida de ingresos del dueño del perro por dejar sus tareas habituales para encargarse del desplazamiento y el tratamiento del animal.

En cualquier caso, hay que recordar que, sea por un motivo u otro, es necesario que la autoridad competente, dependiendo del lugar donde se produzca el accidente, realice el informe o atestado correspondiente, documento que será imprescindible para poder instar y gestionar la reclamación con la compañía de seguros. En él se detallarán, generalmente, las circunstancias del accidente y, principalmente, el estado en el que se encuentran tanto el vehículo y las personas como las cosas del interior.

¿Quién puede reclamar por daños al perro tras un accidente?

En principio la persona legitimada para reclamar indemnización o los gastos derivados de un accidente de tráfico en el que se ha visto involucrado un perro es el dueño del animal. Si el dueño resulta ser menor de edad, podrá reclamar su tutor.

En caso de discrepancia acerca de quién sea el dueño del animal, se puede acudir a los chips de los perros o al historial de vacunación para establecer quién es el responsable efectivo del perro.

En cualquier caso, antes de iniciar cualquier reclamación, en Defentis recomendamos acudir a un asesoramiento especializado para analizar el caso concreto y determinar qué acciones pueden ser más beneficiosas para el reclamante.

¿Puedo reclamar una indemnización por el atropello de mi perro?
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